No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más, todavía
Mario Benedetti
21 jul 2009
19 jul 2009
Confusa, sin sentido.
Y es que verás, soy una. Y soy muchas también.
Tan lejana porque me perdí en el tiempo, me adelanté, mientras el resto retrocedía o se detuvo.
Quiero que pase el tiempo y necesito ayuda. ¿Seamos grandes?
Pero quiero vivir cada segundo y me asusta que los días pasen vertiginosamente.
Te necesito buscando partes de mí que puedas recoger y ordenar. Construyes mi vida, y me dejas a medias, en ascuas. Cuando decides reanudar tu trabajo notas que ya no encajan las piezas, que todo perdió el sentido, ¡pero es que tardas tanto en recordarme!.
¿Por qué te alejas? Entiendo que te confundo, tú me confundes. ¿Por qué te ríes cuando lloro? ¿Por qué te asombras si me conoces de memoria? Y aún asi no te aburres, pero te escapas. Llenas tu vida de ocupaciones que me saquen de tu cabeza. No lo lograrás. Estoy en tu piel.
Te llevaste todo lo que soy o lo que era. Mañana será otro día y ya no estaré, porque me perdí en tu memoria. Sí, de ese lugar donde quieres exiliarme, sólo conseguiste dividirme en pedacitos, y repartirme desordenadamente por tus recuerdos. Por eso a veces aparezco hace 6 años en tu vida, y desaparecí de ayer.
Búscame, porque estoy ahí. Siempre lo he estado, desde que necesitas mi presencia.
Sé que no me entiendes, yo tampoco puedo.
Pero pregúntale a la vida por qué me puso a tus pies.
Tan lejana porque me perdí en el tiempo, me adelanté, mientras el resto retrocedía o se detuvo.
Quiero que pase el tiempo y necesito ayuda. ¿Seamos grandes?
Pero quiero vivir cada segundo y me asusta que los días pasen vertiginosamente.
Te necesito buscando partes de mí que puedas recoger y ordenar. Construyes mi vida, y me dejas a medias, en ascuas. Cuando decides reanudar tu trabajo notas que ya no encajan las piezas, que todo perdió el sentido, ¡pero es que tardas tanto en recordarme!.
¿Por qué te alejas? Entiendo que te confundo, tú me confundes. ¿Por qué te ríes cuando lloro? ¿Por qué te asombras si me conoces de memoria? Y aún asi no te aburres, pero te escapas. Llenas tu vida de ocupaciones que me saquen de tu cabeza. No lo lograrás. Estoy en tu piel.
Te llevaste todo lo que soy o lo que era. Mañana será otro día y ya no estaré, porque me perdí en tu memoria. Sí, de ese lugar donde quieres exiliarme, sólo conseguiste dividirme en pedacitos, y repartirme desordenadamente por tus recuerdos. Por eso a veces aparezco hace 6 años en tu vida, y desaparecí de ayer.
Búscame, porque estoy ahí. Siempre lo he estado, desde que necesitas mi presencia.
Sé que no me entiendes, yo tampoco puedo.
Pero pregúntale a la vida por qué me puso a tus pies.
14 jul 2009
Hay que apostar que Dios existe.

Esta entrada, no va dirigida a la mayoría de mis cercanos, quienes aman a Dios y tienen fe en su existencia, aunque el leerla alimente sus mentes, mientras que su corazón está lleno hace bastante rato.
Seguramente saben que dedico parte de mi tiempo a servir a la Iglesia, y a conversar diariamente con Dios, y también suelen sorprenderse que goze de esta espiritualidad cuando soy una mujer tan narcisista, frívola y racional. Y es cierto, suelo pensar mucho cada acción, indago con la cabeza antes que con el corazón, y a pesar de esto, creo que amé a Dios antes de conocerlo. Sin embargo, a veces dedico mi tiempo a investigar sobre ciertos personajes que como yo, dedicados al ámbito de las ciencias, encontraron motivos racionales de la existencia de Dios, un ejemplo bien conocido y siempre citado es la religiosidad de Albert Einstein, a mi parecer, padre de la ciencia.
El personaje que hoy me convoca es Blaise Pascal; matemático, físico, filósofo y teólogo francés del siglo XVII (me encanta esa diversidad de profesiones en una sola persona).
Su apuesta por la existencia de Dios fue lo que más -por no decir lo único- que me marcó en un semestre de economía.
La apuesta de Pascal, para quienes no la conozcan, plantea que aunque no se conoce de modo seguro si Dios existe, lo racional es apostar que sí existe.
- Puedes creer en Dios, si existe, entonces irás al cielo.
- Puedes creer en Dios, si no existe, entonces no ganarás nada.
- Puedes no creer en Dios, si no existe, entonces tampoco ganarás nada.
- Puedes no creer en Dios, si existe, entonces irás al infierno.
Lógico, ¿No?
Cito, para terminar, uno de sus pensamientos:
"Usted tiene dos cosas que perder: la verdad y el bien, y dos cosas que comprometer: su razón y su voluntad, su conocimiento y su bienaventuranza; y su naturaleza posee dos cosas de las que debe huir: el error y la miseria. Su razón no está más dañada, eligiendo la una o la otra, puesto que es necesario elegir. He aquí un punto vacío. ¿Pero su bienaventuranza? Vamos a pesar la ganancia y la pérdida, eligiendo cruz (de cara o cruz) para el hecho de que Dios existe. Estimemos estos dos casos: si usted gana, usted gana todo; si usted pierde, usted no pierde nada. Apueste usted que Él existe, sin titubear."
Blaise Pascal (1670)
Seguramente saben que dedico parte de mi tiempo a servir a la Iglesia, y a conversar diariamente con Dios, y también suelen sorprenderse que goze de esta espiritualidad cuando soy una mujer tan narcisista, frívola y racional. Y es cierto, suelo pensar mucho cada acción, indago con la cabeza antes que con el corazón, y a pesar de esto, creo que amé a Dios antes de conocerlo. Sin embargo, a veces dedico mi tiempo a investigar sobre ciertos personajes que como yo, dedicados al ámbito de las ciencias, encontraron motivos racionales de la existencia de Dios, un ejemplo bien conocido y siempre citado es la religiosidad de Albert Einstein, a mi parecer, padre de la ciencia.
El personaje que hoy me convoca es Blaise Pascal; matemático, físico, filósofo y teólogo francés del siglo XVII (me encanta esa diversidad de profesiones en una sola persona).
Su apuesta por la existencia de Dios fue lo que más -por no decir lo único- que me marcó en un semestre de economía.
La apuesta de Pascal, para quienes no la conozcan, plantea que aunque no se conoce de modo seguro si Dios existe, lo racional es apostar que sí existe.
- Puedes creer en Dios, si existe, entonces irás al cielo.
- Puedes creer en Dios, si no existe, entonces no ganarás nada.
- Puedes no creer en Dios, si no existe, entonces tampoco ganarás nada.
- Puedes no creer en Dios, si existe, entonces irás al infierno.
Lógico, ¿No?
Cito, para terminar, uno de sus pensamientos:
"Usted tiene dos cosas que perder: la verdad y el bien, y dos cosas que comprometer: su razón y su voluntad, su conocimiento y su bienaventuranza; y su naturaleza posee dos cosas de las que debe huir: el error y la miseria. Su razón no está más dañada, eligiendo la una o la otra, puesto que es necesario elegir. He aquí un punto vacío. ¿Pero su bienaventuranza? Vamos a pesar la ganancia y la pérdida, eligiendo cruz (de cara o cruz) para el hecho de que Dios existe. Estimemos estos dos casos: si usted gana, usted gana todo; si usted pierde, usted no pierde nada. Apueste usted que Él existe, sin titubear."
Blaise Pascal (1670)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

